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Venganza Pasional

Publicado: enero 22, 2012 en Uncategorized

Un ex marido celoso metió un camión cisterna dentro de la casa de su ex mujer

¿A quien se le ha ocurrido meter un camión cisterna en la casa de su ex? Seguro alguien lo ha pensado. Pero un hombre llamado Chris Hugh lo ha hecho. ¿Pensaban que sólo en las novelas? Pues en Inglaterra también… Este exmarido celoso le quiso dar un gran susto a su exesposa que afortunadamente no resultó herida. ¿loco de celos? ¿loco de amor? No lo sabemos, pero de lo que estamos seguros es que esto es saber vengarse.

La música,  la claridad de la tarde que aún es joven, el baile,  el alcohol, el sexo,  el disfrute.  Nada es tabú, nada intimida.

Por: Erick Lezama

Es la una de la tarde y seguramente el salón de clases está casi vacío. Mientras se sirve un trago de anís con jugo de naranja, Yelitza* suelta una carcajada y dice que su profesor debe estar dándole clases a los pupitres. Tanto ella como sus compañeros decidieron adelantar su fin de semana para asistir a un matiné. “El profesor no puede `ponerse la peluca`. Ese también fue estudiante y sabe que uno lo que está pendiente es de echar broma. Él está claro que uno los viernes nunca entra. Es algo que ya está sobreentendido”. Es tajante al explicar por qué se jubila para asistir a estos encuentros: “Uno tiene que aprovechar la vida. Esa estudiadera lo que da es ladilla. Uno se agarra los viernes en la tarde para despejarse la mente de todo eso.”.

      El  matiné de hoy está pautado para la 1:00 pm. Ya se sabe con anterioridad que la entrada tiene un valor de Bs 5 para los caballeros y las damas pasan gratis. Lo organiza un estudiante de quinto año de otro liceo en su propia casa.  

          Cuando se abre la puerta, el bajo de la miniteca golpea los oídos. El tum tum del reggaton invade el lugar. La luz está apagada.  Los asistentes dicen que es para darle el toque de “nocturnidad” de toda fiesta. Sin embargo, la claridad de la tarde se intromete por las ventanas dejándolo todo evidente. Huele a cigarrillo, pero eso parece no incomodar a los que rumbean en el matiné. No cabe un alma y caminar se hace difícil.  Todos los presentes son liceístas: el uniforme los delata.

           En un rincón de la sala está bailando Yelitza. Le canta a su compañero: “Yo quiero azotarte, domarte/ pero lo malo es que te gusta/ castigarte por tu mala conducta”. Él tiene la espalda pegada de la pared y casi no se mueve. Su cara denota concentración. Cierra los ojos y se coloca la mano izquierda en la nuca. Con la otra, le toca las piernas a Yelitza, que le baila de espaldas. Ella sí se mueve, juega con su cabello largo, negro y ensortijado, mientras bambolea sus caderas. Se ríe con picardía. De pronto, se agacha y sus nalgas quedan a milímetros del piso. Se sube al rítmo de la música, y ahora le baila y le canta de frente. Coloca una mano en el pecho de su compañero, y con la otra le acaricia la cara. Él sigue sin moverse mucho, con los ojos cerrados y con una sonrisa en el rostro.

       Al lado de Yelitza está otra pareja que baila cara a cara. Los pasos son similares: el chamo, casi inmovible, está pegado de una pared y su compañera hace el resto. La chica sostiene un vaso de anís con yogurt y fuma. Él coloca las manos sobre la espalda de ella. Luego las baja poco a poco hasta colocarlas sobre sus nalgas. Minutos después, ella sonríe tímidamente y se las quita.

      La claridad de la tarde no alcanza a iluminar el pasillo que conecta a la sala con las habitaciones de la casa. Ahí baila otra pareja. La chica está de espaldas a su compañero. Mientras bailan, él acaricia sus senos. Con el movimiento, se desabrocha uno de los botones de la camisa de ella, y por ahí él logra introducir su mano. Ella sonríe y canta. Él cierra sus ojos y le besa la nuca ella.

***

       Yelitza  es estudiante de 5to año, mención Ciencias,  en un Liceo de Caricuao. Su estatura no es prominente. Ella es delgada, morena, tiene los ojos negros y las cejas muy finas. Asegura que los matinés son una vía de escape a la carga académica que tiene. “Estas son fiestas que se organizan por aquí pa` que los estudiantes vayan. Se hacen los jueves y los viernes  en las tardes. Lo que pasa es que uno no entra a clases en la mañana porque después no podemos salir del liceo. Además, uno aprovecha la mañana pa` comprá la curda y eso, así uno está bien preparado pa` disfrutá bastante”, explica.

     Según Yelitza, todos los viernes, a eso de las once de la mañana, hacen una “vaca” para almorzar. “Siempre reunimos todos los que vamos al matiné y compramos pan con mortadela y refresco. Eso es lo más barato, y así nos alcanza pa` la curda”.

         La madre de Yelitza no se imagina que su hija, aún menor de edad, asiste a estas celebraciones. Para que no la descubrieran, esta mañana Yelitza hizo lo habitual: treinta minutos antes de la primera hora de clases desayunó y salió debidamente uniformada- camisa beige, pantalón azul marino y zapatos negros de suela-. “Así la vieja piensa que estoy en el Liceo”, dice.

***

           No todos están bailando. Una amiga de Yelitza dice que ella asiste para socializar porque no sabe bailar mucho. “Uno aquí conversa de todo, y el sexo no es tabú”, dice. Está sentada con un chamo, en el único mueble que el dueño de la casa no guardó esta mañana. Él acaricia la pierna que la chica montó sobre las suyas. Se ríen y se abrazan. Al rato, también se besan en la boca. “Lo que aquí pasa, aquí se queda”, dice.

        El dueño de la casa también baila en el matiné.  Dice que aprovecha que sus padres llegan a altas horas de la noche para hacer la fiesta. “En la mañana recojo todos los muebles y armo la miniteca”, explica. El dinero que recolecta lo utiliza para gastos personales.

        Agrega que está consciente de que debe guardar la compostura, por si pasa algo. “Yo estoy claro que aquí puede pasar de todo, y yo tengo qué saber qué permito y qué no”, asegura. Recuerda que meses atrás se armó una pelea. Dice que tuvo que “jugar al policía” y sacarlos de la casa. Asegura que debe ser cuidadoso y que esos “espectáculos” no convienen porque los vecinos pueden ir de “sapos” y decirles a sus padres que ahí se hacen esas fiestas matinés.   Sin embargo, hay cosas que a él se le escapan de las manos. Reconoce que no sabe si en su casa, durante los matinés, se consumen drogas. “Seguramente algunos traen. Yo sé que aquí todo el mundo se cae a curda, pero no sé si se `fachan”.

        Sabe que el sexo ha estado presente en estas celebraciones de fin de semana adelantado. Cree que el baile, el alcohol y la libertad que tienen en estos encuentros incitan a la actividad sexual. “¿Pero qué vamos hacer? Hay que estar claro, eso no tiene nada de malo, creo yo. Es como una consecuencia de la rumba.”, enfatiza con la autoridad que tiene como dueño de la casa.

      “Uno aquí ve de todo. A veces  son las chamitas las que más loquitas se ponen A mi me pasó la otra vez: estaba bailando con ‘una menor’ y me dejó loco cuando comenzó a tocarme y bueno, tú sabes, uno como hombre tiene que reaccionar”, dice mientras estalla una carcajada, y agrega: “ Pero no hay que generalizar, hay tipos que son abusadores y les gusta propasarse con las chamitas y eso no me gusta permitirlo”, dice.

       Recuerda que en algunas oportunidades ha prestado su cuarto para que sus amigos tengan relaciones sexuales. “Por ejemplo, la otra vez un `costilla` se cuadró con una chama que vino a rumbear. Él quería con `la menor` y la emocionó toda, hasta que ella le dijo que quería con él ahí mismo. Que se lo metiera ya. El pana me preguntó que si podían ´ir pa` esa´ en el baño, pero le dije que le dieran en el cuarto con confianza. Al rato salieron, y aquí no ha pasado nada”.

***

          Yelitza ya no puede bailar más. Dice que no está ebria, pero sí algo mareada. “Hoy he tripeado burda, vinieron unos menores burda e` lindos y la pasamos fue criminal”. Mientras bailaba no se percató de que los primeros dos botones de su camisa se desabrocharon. Ahora camina a la parada para regresar a su casa y trata de arreglarse un poco: se acomoda la camisa, se peina, y saca un espejo para ver su aspecto. El aliento la delata: cuando habla, todos los que están su alrededor pueden imaginarse que se tomó unos cuantos tragos de anís. Sabe que su mamá la puede descubrir.

        “Chama, cómete un pedazo de hoja de cuaderno, eso te lo quita”, le dice una amiga. “Ay no marica, yo no quiero nada. Yo trato de que ella no se dé cuenta: entro derechito a mi cuarto hasta mañana y esa cree que estoy muy casada. ¡Quiero mi cama! Y que el despertador no suene mañana. Hoy la pasamos fino, de pana. Sería fino que  también hubieran rumbas los lunes, pero habrá que esperar, porque aquí los viernes son pa` jodé”, dice. 

* Se utilizó un nombre falso  para proteger la identidad de la testimoniante. El verdadero nombre de Yelitza está en reserva.

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Publicado: enero 21, 2012 en Uncategorized

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El perfil del racista ha cambiado, ahora es sutil. Dichos como “mi negrita”, pueden ser por cariño, pero hay casos en los cuales consolida una auto-imagen negativa. Los medios atenúan la estigmatización
            “Usualmente, los negros son poco trabajadores. Tú vas por las costas venezolanas y los verás a las tres de la tarde sentados, tomando el sol o el fresco. Pero si vas por las zonas de los Andes, que es donde está la gente blanca, de mi color, esa gente trabaja de sol a sol. Es, prácticamente, su cultura, su idiosincrasia”, sentencia una señora no identificada en un documental titulado Carimba, Marcada en mi Piel, realizado por Guarataro Films.
            Y así como esta señora, quien dice haber nacido en los Andes venezolanos, hay muchas otras personas, que califican a la gente negra de inferior y dependientes de las decisiones de los blancos. “Es que no son más flojos, porque no tienen más tamaño”, dice al respecto Aura De Gómez, portuguesa, residente en el país desde hace más de 20 años.
            A pesar de estas declaraciones, muchos venezolanos aseveran que el problema de la estigmatización del negro ha sido superado en el país. Tal es el caso de Luisana Polanco, estudiante de 21 años de la Universidad de Carabobo (Valencia), quien dice que “ya no se ve tanto como antes, pero sí hay, aunque no mucho”.
 En relación a ello, Blanca Escalona, miembro de la Cumbe de Mujeres Afrovenezolanas, expresa que “eso sólo lo vemos quienes somos víctimas de la exclusión en esta sociedad silenciosa, pero punzantemente racista”. Añade que es “muy difícil” que un blanco, “quien jamás ha sido excluido por su color de piel”, se dé cuenta de tal situación.
“Si estamos viviendo en una sociedad en la que se dice que todos somos iguales, pero hay comunidades que no tienen acceso a ciertos trabajos, que requieran de cierta exigencia profesional, tú te das cuenta que el racismo está solapado, pero está allí”, dice al respecto Flor Márquez, encargada de la cátedra de África de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV).
Por su parte, el analista Carlos García explica en la página web españolacafebabel.es, que hoy en día la exclusión no es validada socialmente, pero que, sin embargo, se sigue evidenciando supresión por condiciones raciales, religiosas, culturales, etc.
            El mestizaje. Blanca Escalona afirma que mucha gente niega la existencia del racismo en Venezuela por el tema del mestizaje. “Mucha gente dice que todos somos lo mismo, porque aquí hay blancos, hay negros, hay chinos, etc. y que, por ende, es imposible la exclusión”.
“Aquí hay un racismo sutil, que es tan potente y tan nocivo como el directo. Porque es ese racismo que se esconde debajo de una categoría, como la del mestizaje. Donde, supuestamente, todos somos iguales. Pero no lo somos, obviamente. Eso es lo que yo creo que hay que revisar”, añade.
“Que se diga que no hay racismo es una aspiración”, manifiesta, por su parte, Alexandra Mendoza, historiadora y profesora de la Escuela de Comunicación Social de la UCV. Sin embargo, ella escatima esa idea, cuando expresa que “decir que somos racistas, sería una afirmación muy fuerte”. (Descargar discurso completo de la historiadora Alexandra Mendoza, sobre la esclavitud y el consecuente racismo).
“Modelos impuestos”. Los especialistas y activistas entrevistados coinciden en que el problema del racismo en Venezuela se remonta a los tiempos de la conquista española, en el Siglo XV, específicamente, con la Trata Negrera (intercambio de esclavos, bajo sometimiento, entre colonos, con la finalidad de obtener ganancias económicas).
Asimismo, Blanca Escalona, de la Cumbe de Mujeres Afrovenezolanas, añade que con la llegada de los europeos al continente americano, se vinieron también nuevos patrones de conducta y de visiones de mundo.
“Entonces, el negro, que vivía diferente a como vivían los europeos, pasó a ser visto como un flojo, como un salvaje, como un incapaz. Y eso se ha ido solapando a través del tiempo y con el cuento político de que todos somos lo mismo”. (Ver fotos).Los medios. Para la mayoría de los entrevistados, la función de los medios de comunicación social es trascendental en la atenuación del racismo en el país. Coinciden en que la ausencia del negro en la programación de los canales venezolanos o la aparición de afrodescendientes como los malandros, las sirvientas o los matones, afianzan esa mala imagen, que la ciudadanía, en general, maneja de la gente de piel oscura.

Y, a pesar de esa ausencia del negro, no sólo en la televisión, sino en muchos espacios públicos de importancia, la ciudadanía, en general, no identifica el racismo en Venezuela, el cual, para los expertos, es un problema social de importancia y de interés.

Tal como lo dice el antropólogo y lingüista de la UCV Jorge Monsoyi, el reconocimiento de las distintas expresiones culturales es vital para cualquier sociedad. Y, en ese sentido, personas que se consideran afrodescendientes, coinciden en que, poco a poco, su “comunidad” ha sido reconocida en Venezuela. “Pero falta mucho”, dice Monsoyi.

Lo importante es conocer los momentos que marcaron el curso de la humanidad y que explican el porqué de lo que sucede hoy. Tal como afirma la historiadora Alexandra Mendoza, en la medida en que la gente sepa y empiece a estudiar el tema, se dará cuenta de “lo valioso que es para una nación reconocer todo lo que hay dentro de ella”.