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Por: Erick Lezama

       Cuando llega su turno, Natielvi camina risueña al centro del escenario. No está nerviosa porque sólo es un ensayo y el auditorio está vacío. Toma el micrófono y para concentrarse fija su mirada en algún punto impreciso de la sala. Su sonrisa desaparece súbitamente cuando el director musical cuenta hasta tres y la batería estalla en una fiesta de sonidos. Luego de dos compases comienza a cantar “Junto a mi”, tema que escogió para representar a su escuela en el renglón Urbano del Festival dela Voz Humanista2011.

      No pensó en participar en el renglón tradicional porque, a su juicio, la música venezolana no permite mostrar todas sus cualidades vocales. “Es que ese joropo es como pa` viejo. Siento que eso no se parece a mi”, dice.  Natielvi creció en un pueblo de Tucupita, al nor-oriente del país. Recuerda que de pequeña tuvo que cantar joropo porque era lo que le enseñaban en las clases de música a las que asistía. Confiesa su preferencia por la música foránea: “Aunque he cantado `llaneritas´ de Scarlet Linares, lo mío es el pop”.

          Cinco minutos después termina su ensayo. Al bajarse de la tarima, vuelve a sonreír y su mirada deja de estar en un limbo indefinido. Dice que le gustaría estar identificada con la música venezolana. “Sería bueno que se bailara joropo en las fiestas, así como uno se tripea el  reggaeton o la salsa”.

        Natielvi siempre habla de la música venezolana refiriéndose únicamente a la que se hace en los llanos. No toma en cuenta las demás corrientes musicales tradicionales que tiene el país: no asocia la gaita, los aguinaldos o los calipsos con la música nacional.

         Mariana Bacalao, experta en el estudio de la OpiniónPública, dice que se trata de un fenómeno que caracteriza a la sociedad venezolana, donde hay una identidad nacional fragmentada. “En la colectividad se vincula la música venezolana exclusivamente con el joropo. La gente no sabe que ese es sólo uno de los muchos géneros tradicionales.  Como no les gusta y creen que es lo único que hay, la rechazan”, asegura. Cree además que es consecuencia de la falta de información cultural y artística. “Es lógico, nadie puede valorar algo que no conoce”, dice.

        El musicólogo Hugo Quintana dice que hay que reconocer la importancia del joropo en la cultura venezolana, pero que también es necesario masificar la idea de que el país es más rico musicalmente. “Es una visión simplificadora pensar que el joropo comprende la totalidad de la música venezolana”. Quintana difiere de Bacalao al considerar que la tendencia a pensar que el joropo es el único género musical que hay tiene que ver con la ubicación geográfica. “Para el zuliano su música es la gaita”, explica.  Dice que también ocurre que se conocen algunas canciones de otros géneros, pero que no se asocia directamente con la música venezolana.

El músico venezolano Aquiles Báez, dice que uno de los problemas del venezolano es que no conoce  la cultura de su país y por ello no se identifica con sus raíces. “En Colombia, Brasil o México, esta situación totalmente diferente, allá la gente sí valora y conoce su música”.

        La experiencia de Natielvi encaja con lo que dicen los expertos. Recuerda que cuando estudiaba primaria, en los actos culturales sólo se cantaba el alma llanera. “Ahorita uno lo que oye es reggaeton, y es como más bailable. Es que a uno no le inculcan la música venezolana ni en la casa ni en la escuela”.

       Todo parece indicar que la falta de conocimiento de la música tradicional es una responsabilidad compartida entre el Estado, los medios  de comunicación y la escuela.

    ¿En las leyes, en los medios o en el aula?

         A mediados del siglo pasado, en un esfuerzo por afianzar la identidad nacional, el entonces  presidente Marcos Pérez Jiménez decretó que la música nacional era el joropo. Por ello se le dio mucha difusión y se nacionalizó. En los años 80`, con el decreto del 1×1, se produjo un boom de música pop. En ese entonces se popularizaron cantantes como Ilan Chester,  Karina y Yordano. Báez destaca que a pesar de esas iniciativas nunca se difundió masivamente la música venezolana diferente a la llanera.

          Desde el 2005, con la entrada en vigencia de la Leyde Responsabilidad Social de Radio y Televisión, las emisoras de radio y canales de televisión quedaron obligados a transmitir contenidos culturales y educativos. El artículo 14 establece que al menos 50% de la música venezolana que se transmita debe ser tradicional, y deben incluirse géneros de las diversas zonas del país.

      Sin embargo, para Juan Carlos Ballesta, músico y editor de la Revista Ladosis, la legislación es débil. “Más allá de obligar a transmitir un contenido específico, lo que hace falta es un trabajo de formación cultural. Aquí se debería ver educación musical como se ve educación Artística o Historia de Venezuela”, dice. Considera que la ley ha sido contraproducente: “Como los dueños de medios no conocen la música venezolana, colocan únicamente joropo, y eso genera más rechazo en el colectivo”. Ballesta agrega que los medios de comunicación en general tienen una deuda con el país, porque no han creado espacios para la difusión de la cultura venezolana.

    El musicólogo Hugo Quintana asegura que es necesario que los productores de radio y televisión se actualicen, conozcan las nuevas propuestas que existen musicalmente y aprendan de todo el bagaje musical de tradición que tiene Venezuela.

     La promotora cultural Isabel Pérez y Aquiles Báez, concuerdan con la visión de Ballesta. Aseguran que no se puede imponer la cultura y la identidad, pues es algo que crea desde los primeros años de vida. Concuerdan en que es necesaria la unión entre los medios de comunicación, la escuela y el Estado, para logar que se conozca la cultura musical venezolana.

         Nuevas propuestas. La especialista Mariana Bacalao asegura que la única forma de que la situación cambie es que se den a conocer exponentes de la música venezolana que sean jóvenes, que hagan música que genere empatía, y exploten todos los géneros musicales del país.

           Actualmente la Fundación Bigott, a través de  agrupaciones como Pomarrosa y Vasallos del sol, trabajan en el sentido que sugiere Bacalao. Han dado a conocer la amplitud de la música venezolana, al interpretar géneros como sangueos, gaitas de tamboras, parrandas, aguinaldos, tambores, merengues,  joropos, etc.

         Asimismo, desde el año  2007, surgió la Movida Acústica Urbana, (MAU) una asociación de seis ensambles de música venezolana instrumental, cuya propuesta tiene elementos de otras corrientes musicales como el jazz. Lo conforman las agrupaciones C4 trío, enCayapa, los sinvergüenzas, Kapicúa, Nuevas Almas y Kamarata Jazz.

        Una propuesta similar a la de la MAUes Piso 1, agrupación conformada por solistas de varios grupos de música tradicional, que se unieron para mostrar una música venezolana tradicional más urbana.

         Estas iniciativas parecen indicar que el panorama es alentador. Sin embargo, la promotora cultural Isabel Pérez considera que es necesario que se logren masificar esos esfuerzos para que no sean percibidos como grupos elitescos.

        Marina Bravo, cantante de Piso 1 y de Pomarrosa, coincide con Pérez en la importancia de la masificación de las nuevas propuestas musicales tradicionales. Sin embargo asegura que es difícil. Su experiencia le dice que aún en la radio siguen prevaleciendo los intereses particulares, y en la televisión no hay programas para mostrar el trabajo que hace. “Yo no pude pagar `payola´  y por eso mi disco no sonó. Es así, uno no hace joropo, que es lo que la gente conoce. Es injusto que luego de que uno tiene que vender hasta el carro para hacer un CD tenga que pagar para estar en la radio”. Bravo, sin embargo, se muestra optimista: espera que todas las propuestas emergentes, que hacen la música venezolana más actual, puedan masificarse para que la gente comience a conocer la diversidad musical de Venezuela.

 

 

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